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Saturday, May 12, 2007

06 - Una advertencia para Amaesh

Un sentimiento que no se explicar. Algo que por mas vueltas que le doy no consigo sacar en claro. todo mi mundo a mi alrededor parece ir correctamente, no hay problemas, hace tiempo que ya no se producen linchamientos en las plazas de la ciudad, la gente ha conseguido aceptar el nuevo orden de las cosas; pero hay algo de lo que me he dado cuenta en la ultima milésima de segundo que me hace pensar que nada de todo lo que ocurre es lo que debería estar ocurriendo, y por ello estoy mas asustado, porque yo nací después de que se instaurara el nuevo orden, de hecho, soy uno de los que en su momento llamaron los nuevos niños del nuevo orden, ya que fuimos aquellos que se educaron con los principios del mismo en primer lugar.
La verdad es que en estos momentos no se como explicar lo que pasa por mi cabeza, ya que yo personalmente apoyaba todo aquello que me habían dado a entender desde pequeño. La gente no lo comprende, sobre todo toda esa gente que, evidentemente sin salirse de lo establecido en nuestro régimen, piden mejoras, más aun de las que ya nos han dado, pero evidentemente sobre cosas que no se deberían pedir, mas que nada por el bienestar público, ya que lo único que acarrearían seria diferencias sociales que es evidente que no estamos deseosos de volver a padecer la gran mayoría.
Este tipo de pensamiento es el que me podía haber ocupado la mente hace poco mas de dos segundos, pero es evidente que sería algo imposible que los tuviera o simplemente pasaran por mi cabeza después de todo lo que me pasó por la mente en esa pequeña fracción de tiempo.
Recuerdo perfectamente y no sin recelo todo lo ocurrido en esta mañana que tanto cambio mi manera de ver las cosas. Fue como otro día cualquiera en la rutina que todos nosotros seguimos. Me levanté y lo primero que hice fue lo que hacia todos los días, es decir pasar por el baño sin olvidar la templada e incluso abrasadora ducha que todas las mañanas disfruto nada mas salir de entre las sábanas.
Cuando estaba en la ducha no pude evitar sentirme extrañado, no por nada en especial, sino por lo que todos los humanos llamamos un presentimiento, corazonada si quieres decirlo, pero el caso es que no lo tuve en cuenta y seguí sin hacer caso de todo aquello que en un segundo me había inquietado de tal manera. La realidad fue que cuando sentí el agua al caer cuando encendí la ducha al principio salía fría, cosa que hizo que me estremeciera, pero luego inmediatamente después lo que ocurrió fue que salió caliente, quizás demasiado, y el cambio del calor al frío me provocó una sensación de desorientación que nunca antes había sentido, ya que por costumbre tenía el hecho de meterme bajo el agua una vez ya encendida la ducha y el agua cayendo al fondo de la bañera.
Debería haber entendido eso como otra señal, como otro presentimiento, no se, pero desde luego ya era la segunda sensación aquel día que lo que hacía era volver a sacarme de mi rutina tan bien marcada por mi obediencia, aunque conocía gente que me llamaban maniático por el simple hecho de crearme también una rutina para estar en mi casa parecida a la establecida de puertas afuera que me había ayudado a no tener nunca problemas con las autoridades, más que nada por que me ayudaba a mantener un sencillo y fácil entrenamiento mental para aguantar la presión debida en gran parte al desgaste que provocaban los atarners en la conciencia de la gente al ser tantas veces escaneadas sus mentes al día.
Como siempre mi cabeza no dejaba de dar vueltas a las cosas de mas actualidad que se podían encontrar en los medios de divulgación de noticias mientras me daba esa ducha, cosa que me ayudaba a despejarme completamente, y que por tanto lo hacia, aunque fuera de manera inconsciente, para obligarme a usar la cabeza porque en esos momentos el despertarme completamente era una de mis prioridades absolutas debido a que necesitaba que mi mente estuviera lo suficientemente consciente para poder enfrentarme a lo que fuera que intentara sacarme de mi rutina aquel día que por otro lado ya me empezaba a dar mala espina.
De repente me dio por mirar la hora y vi que ya era el momento de salir de la ducha especialmente caliente que me acababa de dar. Retire las cortinas que rodeaban la bañera y vi que todo se había llenado de tal cantidad de vaho que no se podía distinguir nada a diez centímetros de mi cara, como si se tratara de una niebla de las mas espesas.
En realidad eso fue lo que menos me llamó la atención, ya que era bastante común, pero lo que si me llamó la atención fue esa sombra que vi que estaba a enfrente de mi flotando en medio del baño y que parecía que llevaba ahí un buen rato.
La figura evidentemente era de un hombre, pero lo mas curioso no es lo que pareciera sino que como lo que vi fue de reojo, es decir que de frente no lo vi, decidí que debía observar el lugar con mas calma y entonces fui consciente de que la luz me había jugado una muy mala pasada, ya que ahí no había nada, ni sombra ni hombre intentando matarme, nada.
Ante esta vuelta a la desorientación que poco a poco llevaba llenándome la mañana, decidí que lo mejor que podía hacer era seguir con lo que hacia todas las mañanas, así que sin pensarlo dos veces fui a mi cuarto y abrí mi deslumbrante armario, mueble que había puesto años atrás y del cual estaba realmente orgulloso. En él se podían encontrar lo que muy poca gente tenia el derecho a poseer, y eso me hacia hincharme aun mas de orgullo. Al fin y al cabo ser un oficial dentro los cuerpos de elite de los agentes de la autoridad era todo un honor, y por ello el propio Amaesh daba beneficios tales como una medallita que estaba ojeando justo en el mismo momento que pensaba todo pen anterior.
Esa medalla era un adorno que solo el propio Amaesh y sus cuatro generales tenían el derecho a ostentar, con motivos de distinción evidentemente, y por ello yo sabia que era un honor tenerlas dado que había que contar con la peculiaridad de que me había ganado la confianza de mi señor hasta el punto de llegar a conseguir el titulo que me nombraba como uno de esos cuatro generales.
Mientras me ponía el traje y colgaba de las solapas de la chaqueta las distintas medallas que había ido ganando en los años que habían pasado desde que fui un simple soldado hasta que llegué a ser general, no paraba de pensar en aquello que le dijo Amaesh, que su confianza estaba puesta en mi dado que con esta medalla escaparía a los barridos de los atarners y me proveía de un escudo impenetrable. Aun así no me gustaba estar siempre con ella, para así poder darle a entender a mi señor que no necesitó librarme de los escaneos dado que yo no tengo nada que ocultarle.
Coloco la medalla en su sitio, dado que hoy sí que iba a ponérmela, y me puse la chaqueta. Como todos los días fui a desayunar al mismo sitio de siempre, en la cocina.
Por pura costumbre al entrar lo primero que hice fue encender la televisión que tenía en dicha habitación y mientras se cargaba la imagen fue hacia el tubo de alimentos a ver que había de desayunar. Lo primero que le llamo la atención fue el simple hecho de que no estaban emitiendo el típico programa de por las mañanas que se suele ver por ver algo, sino que estaban poniendo noticias y hablaban de un incidente muy grave que se había cometido contra el sistema.
El presentador de las noticias hablaba de cómo un chico de no mas de diecinueve años usando un poder diabólico que no tenia explicación se había enfrentado a cuatro destacamentos de agentes de la autoridad de la brigada anti-renegados acabando con demasiada facilidad con ellos y sin contar el hecho de que acabó con uno de los miembros de una patrulla urbana que fueron quienes descubrieron al traidor y sucumbieron, al menos uno de ellos, a su poder diabólico al intentar aplicar estando en su derecho el decreto número veintisiete del código de Amaesh.
La verdad es que en ese momento me sentí un poco mal por el hecho de todas las familias que había destrozado ese monstruo con cuerpo de chico, pero según me estaba volviendo a introducir en los entresijos de mis pensamientos oí que el presentador empezaba a dar un avance de última hora de la situación que se sabía de ese joven llamado Tarish.
Lo único destacable que había hecho el chico y que le daba un poco de alma humana, según creí, era volver a buscar a su madre dado que sabía el final que iba a tener por haber engendrado a un hijo como él. Sí, puede que consiguiera salvarla, pero lo único que había hecho había sido dar una pista de donde iba a ir con seguridad, aunque lo mas probable es que ya estuviera muerta, o si no le faltaban pocas horas, por desgracia igualmente que todos los habitantes de su edificio que estaban relacionados con él, es lo que tiene las bombas de materia negra.
Estaba pensando esto cuando oí por simple casualidad el avance, en el cual decía que el chico loco de ira y rabia había matado a otros dos destacamentos mas de agentes, que al parecer estaban dentro del edificio inspeccionándolo. Pero eso no era lo peor, lo peor eran las imágenes que se podían observar en ese momento y que tenían grabadas de pocos minutos antes, en las cuales se veía como de repente media fachada del edificio donde tenían rodeado al chico reventaba literalmente y poco después del hueco central, lugar que parecía el epicentro del golpe, salía despedido una llama de fuego de color entre azul celeste y violeta claro que rebotaba contra los edificios haciendo cráteres ahí donde se impulsaba. Aun así se pudo observar también como otra figura salía detrás de la primera flotando en el aire y se dirigía siguiendo la dirección que había tomado la primera, aunque lo que hizo que mi trozo de tostada, que me había ido preparando mientras veía las escalofriantes imágenes, se me cayera en el café salpicándolo todo sin que yo pudiera reaccionar debido a mi estupefacción; fue el sencillo hecho de que poco después de que la segunda figura saliera del edificio por el boquete existente en su fachada, este reventara como si hubieran puesto una bomba y que literalmente se cayera a trozos. De hecho en lo que pude pensar en ese momento era que habían puesto la bomba y que les había pillado de improviso, con lo que se pudo observar en las imágenes que la segunda persona que salió después de la llamarada violácea es casi pillada por la explosión, de hecho se le veía esquivando metralla de la explosión mientras salía volando de la escena del crimen.
Ante esto que hacia veinte escasos minutos que había pasado, y que probablemente fuera ese ruido que se confundió con el del despertador y que por tanto debido a la lejanía a la que ese encontraba del edificio siniestrado no le había dado importancia; sabia que en poco tiempo le estarían llamando para que fuera a su puesto a ocuparse de la seguridad de los ciudadanos, y pensaba esto sobre todo por el hecho de que ese chico llevaba la destrucción con él a su paso.
Pensando en esto me fui rápidamente para coger las llaves del coche e irme, cuando me di cuenta de que esa mañana no había saludado a su pobre mascota que estaría en el salón esperando que le diera la comida.
Fui otra vez a la cocina y saqué de uno de los cajones inferiores cercanos al fregadero un saco de comida para perros, cogí uno de los cuencos que tenía en la terraza de la cocina lo llené y me encaminé hacia el salón.
Cuando llegué al salón ya estaba esperando lo que me hacía siempre mi querido Jaspe cada vez que me veía entrar en la habitación, es decir, tirárseme encima y lamerme toda la cara. Esta vez no pasó, y era la primera vez en mucho tiempo. Me acerqué hacia los sofás que tenía haciendo una de las esquinas, lugar donde Jaspe se solía poner habitualmente, pero le encontró en la otra esquina de la habitación como huyendo de mi, gimiendo y arrastrándose hacia la pared. El pobre perro no paraba de mirarme con temor y mientras metía el rabo entre las patas traseras gemía como un pequeño cachorro, pero yo sabía que eso era una estupidez dado que Jaspe tenía un metro del lomo al suelo, y si hubiera querido se podía haber tirado sobre mí sin que yo hubiera podido hacer nada, de hecho es lo que hacía siempre cuando me veía aparecer y varias veces había conseguido tirarme al suelo.
El colmo llegó cuando al acercarle el cuenco con la comida cerró los ojos y gimió con mas fuerza llegando a dejar escapar de su garganta lo que a mi parecer fue un aullido de terror, y yo con mayor estupor vi sin comprender la reacción del bueno de Jaspe, como se orinaba de no poder controlar ese miedo irracional que le desbordaba al sentirse acorralado.
En ese momento volví a notar esa presencia que a lo largo de la mañana ya había sentido en otra ocasión y en esa milésima de segundo volví a recordar todo lo que había hecho, a la vez que sin poder evitarlo también noté como algo frío y alargado se introducía entre mis costillas flotantes del lado derecho de mi cuerpo con cierta resistencia, y notaba como se alojaba en mi interior en el mismo momento que un dolor indescriptible atravesaba mis entrañas.
En ese instante todo mi cuerpo empezó a temblar de pura debilidad, y sin poder evitarlo por la comisura de mi boca escurrió un fino hilo de sangre oscura. Sentí como salía de mi y pude observar que lo que me había mantenido en pie era el simple y llano hecho de que esa hoja estaba atravesando mi cuerpo.
Caí al suelo, y cuando mi vista empezó a nublarse oí una voz que me dijo lo siguiente:
- Tu cuerpo será el mejor mensaje que le podamos dejar a Amaesh los renegados, ¿verdad?.
Esa voz se me antojo cargada de ira y sin embargo me resultó demasiado familiar. Pese a estar tirado en el suelo pude con mis últimas fuerzas girarme pese al dolor que me atravesó y el consiguiente chorro de sangre que salió de mi abdomen empapando la alfombra.
En ese momento comprendí la razón de que Jaspe tuviera tanto miedo, y eso fue porque lo último que vi fue la imagen mas aterradora de mi vida, una larga hoja de metal escurriendo mi propia sangre y unos fríos ojos azules, azules como el mismísimo hielo, que pese a ser tan aterradores e imponentes, me eran tan extrañamente familiares que me helaron la poca sangre que me quedaba en el cuerpo antes de perder el conocimiento y con él la vida.


. . .


En ese momento lo único en lo que podía pensar era en aquel general agonizante que se encontraba a mis pies, frente a mi. Llevaba cosa de media hora observándole hacer su rutina, levantarse, ducharse, preparar su ropa y vestirse, elegir entre las posibilidades que había en el tubo de alimentos para el desayuno, ver la televisión y por tanto las noticias dado que era lo único que se podía ver por todo lo sucedido; y habría seguido viendo un poco que hacía, simplemente por curiosidad, no por nada mas, hasta el momento que hubiera decidido salir del apartamento. En ese momento no habría tenido mas remedio que matarle dado que las órdenes eran las órdenes, y dado que por hoy ya había hecho bastante con la que se había armado con todo el asunto de Tarish, no tenia otra opción que cumplir la orden que Raesh me había encargado y en realidad la verdadera razón por la que había salido de la base, y por tanto exponerme a que me localizaran los agentes.
Todo hay que decirlo, lo mas probable es que hubiera disfrutado el simple hecho de que hubiera muerto en la puerta de su casa, y que por esa razón se hubiera enterado el vecindario de que le había matado yo, cosa que habría hecho subir el precio por mi cabeza y a la vez el prestigio en la organización. Pero eso no es lo que había pasado. El buen hombre del general se había acordado de repente de ese perro que tenía, que cada vez que había pasado levitando por la puerta del salón me había mirado. La primera vez que pasé, se había atrevido a gruñirme, cosa que dado su tamaño era comprensible, ya que le daba confianza. Me bastó una simple mirada para que el pobre animal se agachara y arrastrara hacia una de las esquinas de la habitación gimiendo. Supongo que mi mirada no había variado en todos estos años, y por tanto seguía teniendo un gran poder de convicción.
La verdad es que gracias a ese animal el general había evitado que se juntara su muerte con toda la catástrofe que según los mediaos de divulgación de noticias había ocurrido esa mañana a primera hora.
Ese animal al volver a verme lo que hizo fue sentir tal pánico al verme flotar tras su amo, que en cierto modo le alertó y no tuve mas remedio que atravesarle con la espada.
Lo mas extraño fue que no soltó ningún grito, no se quejó, no soltó ningún gemido ni similar; lo único que hizo fue jadear y suspirar al darse cuenta de su situación, aceptó su final con resignación. Al fin y al cabo era un perro de Amaesh, y como tal le tenían bien adiestrado. Adiestrado hasta el punto de que segundos antes de perder la conciencia me reconociera, o al menos eso creo, y lo único que se viera capaz de hacer es aterrorizarse al ver hasta que punto esta capacitada la organización, aterrorizarse hasta el punto de que su corazón se parara del miedo antes que por la herida que le había causado, es decir, muerte por horror, no por daño.
Al menos yo no soy tan cruel como algunos compañeros, que cuando reciben el encargo de un asesinato, no dejan que su víctima le mire a los ojos, no dejan que sepa quien es el que lo hizo antes de su muerte. Supongo que por eso yo soy mas buscado que el resto ya que Amaesh y sus hombres tienen la tecnología para acceder a los últimos segundos de la vida de un cadáver y con ello, como no, al registro de mi cara ya que no me gusta lo que hacen mis compañeros, me parece cruel, despiadado, a la vez que un acto de cobardía. En parte de ahí viene el alto precio por mi cabeza, ya que con este asesinato ya eran cuatro los muertos a mis manos, aunque este seguro que subiría el precio por mi cabeza dado que era uno de los cuatro generales.
Supongo que Raesh en el fondo quería que lo hiciera yo por una sencilla razón, el bueno del general fue el último al que vi cuando Raesh me sacó de los laboratorios secretos, quería que en el fondo antes de morir, pues Raesh sabe lo que me gusta hacer, me reconociera y viera el monstruo que ellos mismos habían creado.
Es una ironía, no es que ellos me hubieran creado, sino que al haberme tratado como me trataron hicieron que mi mente cambiara, que madurara, que hiciera que todo mi ser fuera en contra de todo lo que ellos representaban. Los años que me hicieron pasar en aquel maldito laboratorio me hicieron darme cuenta de que lo que realmente habían hecho era maltratarme, aprovecharse de mi, de mis facultades, unas facultades que me pertenecían por derecho de nacimiento, y eso no se lo podría perdonar jamás.
Un día lo que hice fue que cuando tenía que ir a mi zona de trabajo cogí todos los planos de mis proyectos, los prototipos, destruí las copias y me intenté escapar con la mala suerte de que me cogió el mismísimo general, y el mismísimo general me torturó como escarmiento. Justo en ese momento apareció Raesh con Marin y Darke, mataron a los guardias y no pudieron acabar con el general por un escudo que tenía que le protegía, una barrera como de energía que había activado al tocar una medalla en su pecho.
El general no hizo nada por atacar pero tampoco evitó que me sacaran de allí y me salvaran del infierno de los laboratorios, creo que en este preciso momento cuando me miró a los ojos mientras agonizaba se dio cuenta que tenía que haber intervenido años atrás para evitar lo que había ocurrido en el presente, pero era evidente que ya no podía hacer nada dado que mi espada ya se había introducido en su caja torácica y le había producido hemorragias internas que eran imposibles de detener en este instante.
Supongo que en ese momento lo que debería haber hecho ya no tenía gran importancia porque lo hecho, hecho está, y no podía cambiar la circunstancia de que se estaba desmayando sobre la alfombra de su caro apartamento.
Después de divagar durante unos segundos mi mente se centró en que podía sacar en claro de lo que acababa de hacer y como podría beneficiar a la organización.
Lo primero que hice fue meter la nota de advertencia para Amaesh que el propio Raesh había escrito con la finalidad de que se diera cuenta hasta donde podíamos llegar, que no éramos unos simples aficionados, que todo lo que hacemos esta hecho por una única razón, su caída.
Tras hacer que la corriente eléctrica recorriera mi columna en sentido inverso para apagar mi poder me di cuenta que el general había estado tocando y acariciando en su cuarto una de las medallas antes de ir a desayunar, y sin mas dilación me fui a ver si la encontraba, ya que podía ser aquella medalla que creó el escudo que no pudimos atravesar años atrás, en el momento de mi rescate.
En su cuarto poco se podía sacar en claro, pues había tal orden que no se podía ver mas que las cosas completamente en su sitio, con lo que no daba pie a rebuscar, ya que todo lo que había estaba a la vista sin que se pudiera esconder nada, así que lo que hice fue acercarme al armario y abrirlo de par en par.
Tras varios minutos tirando la ropa por todos lados para ver si se encontraba entre ella, desistí en el hecho de buscarla en el armario y me dirigí al salón para ver si podía despertar al general para que le dijera donde estaba antes de que muriera.
Me acerqué al pobre resto humano que tenía ante mis ojos y realmente lo que ocurrió fue algo sencillo, algo que era evidente ya que cuando alguien hace daño a un ser querido éste, tras el trauma, lo que siente es odio, y eso es lo que pasó con el pobre animal del general. En cuanto me vio entrar por la puerta del salón se abalanzó sobre mi y si no fuera porque soy un hombre de armas podría haber acabado mal, ya que en medio de su salto tuve los reflejos suficientes para poder apartarme a un lado, y tras esto, agarrarle la cabeza y estampar al pobre animal contra el suelo, dejándole inconsciente.
Debido a su peso y tamaño, el movimiento que tuve que realizar para desplazarle con la suficiente fuerza contra el suelo, me hizo que a la misma vez que este se estrellaba contra la moqueta del piso mi brazo se resintiera y que por tanto la herida que tenía en el brazo, que hasta este mismo momento no había notado, se abriera y que empezara a sangrar de una manera incontrolada.
Esta herida no sé de donde había salido porque no recordaba haber tenido que luchar contra ningún agente, pero lo mas impresionante era que era un corte tan sumamente limpio que no había sangrado hasta el momento que fui atacado por el pobre animal y me vi obligado a hacer el movimiento que abrió del todo la herida con lo que mi brazo, se retorció en convulsiones que no podía controlar a la vez que la sangre escurría por él y caía sobre el pelaje del semi-lobo inconsciente a mis pies.
Tras esto lo primero que pasó por mi cabeza fue la sensación de querer saber cuando me hice ese corte, ya que no lo había notado hasta el momento en que se abrió con un doloroso e intenso temblor. Me puse a pensar y con gran aflicción donde me podía haber hecho este corte largo profundo que recorría mi brazo desde la muñeca hasta el hombro, cuando de repente me di cuenta que la televisión estaba puesta en la cocina del piso y lo que hice fue acercarme y ver las imágenes que se veían en la pantalla.
La presentadora pasaba unas imágenes de lo que había ocurrido en el piso de Tarish, cuando salimos de él momentos antes de que reventara. En esas imágenes lo que hacían era pasar a cámara lenta la salida de “la segunda figura” como ellos me llamaban a mi.
En ese momento vi como me había hecho la terrible hendidura que me rajaba todo el brazo a lo largo.
En las imágenes se me apreciaba saltando del edificio por el agujero que hizo Tarish, y como segundos después el edificio explotaba. Lo más importante es que cuando lo pasaron a cámara lenta y la presentadora decía que habían intentado ver los rasgos de mi cara para identificarme, pude ver como al explotar el piso una plancha de metal salía volando hacia mi y yo creo esquivarla. Evidentemente no lo esquivo, porque el dolor lacerante que me atraviesa el brazo es una prueba de lo mas clara.
Tras, por casualidad, descubrir como me hice el desafortunado corte, me quité el chaleco que tenia puesto, la camiseta, y me puse a limpiarme la herida. Después de esto busqué vendas pero no las encontré así que lo que hice fue hacer jirones mi camiseta y hacerme unas vendas, que tras empaparlas en alcohol me puse en el brazo sin poder evitar un pequeño grito por el escozor del alcohol sobre la carne abierta.
Me puse el chaleco sobre el torso desnudo y me centré en encontrar esa medalla que no parecía estar en la habitación del general. Inútilmente me acerqué a ver si el general estaba vivo, cosa que iba a hacer antes de que me atacara el can. La realidad es que estaba muerto, su pulso se había detenido. Ante esto lo único que se me pasó por la cabeza fue que la habría escondido por la casa por si ocurría algo así, o simplemente que la habría cambiado de sitio cuando se estuvo vistiendo momento en que el perro del buen general casi me ataca y tuve que reducirle con la mirada.
Revolver ya había revuelto así que lo único que paso por mi cabeza fue una ira ciega contra el general y sin poder razonar una patada fue lo que me salió contra el cadáver teniendo la suerte de acertarle en el pecho, con lo que una de las medallas que tenía en el pecho y que yo no había visto salió despedida contra el cristal de la ventana del salón.
Me acerqué a la medalla caída y lo que hice fue reírme con una gran alegría por descubrir donde estaba la medalla especial.
Me levanté con la medalla en la mano y cogiendo al general de los hombros le di la vuelta para verle el pecho donde le había golpeado en mi ataque de desesperación.
Ataque de desesperación, eso es lo que realmente me dio cuando vi que en el pecho tenía mas de cincuenta medallas, probablemente todas las que se habían dado en toda su carrera. Me senté en uno de los sillones y empecé a aclarar mi mente y a intentar organizar mis pensamientos. No me iba a llevar todas las medallas porque entonces cuando encontraran el cuerpo sabrían a porque me había mandado Raesh, no, así que debería encontrar alguna manera de localizar la medalla que entre todas las de su pecho provocaba aquel escudo tan impresionante.
Estaba tan sumamente concentrado que noté, como siempre que pasaba en estas situaciones, que casi inconscientemente activé mi poder, y tras un escalofrío por la columna y un sutil pinchazo tras los ojos, mi mente empezó a razonar con mayor efectividad y frialdad. Una vez que evalué desde este nuevo punto de vista lo ocurrido en esta mañana en el piso del general, me di cuenta que cuando el general se vistió acarició una medalla que estaba dentro de un estuche negro con los bordes brillantes antes de que tuviera que salir a calmar al maldito perro para que no me descubriera.
A raíz de eso lo que hice fue ir a la habitación coger el estuche negro que ya había encontrado antes al buscar en ella y volví al salón rezando porque estuviera la medalla metida en el típico espumillón con la forma de la medalla.
Cuando abrí el estuche vi con cierto alivio que si que estaba el espumillón y al momento localice la medalla en el pecho del general.
La cogí y al desprenderla de la solapa de la chaqueta sin querer apreté la cabeza de la misma y vi como un escudo de color azulado me envolvió, cosa que hizo que mi risa sonara en la habitación. Volví a presionar la cabeza de la medalla y el escudo desapareció.
Al momento noté como algo me goteaba por el brazo, y descubrí que la herida que había descubierto al golpear a la mascota del general estaba sangrando tan profusamente que ya había empapado las vendas que había hecho con su camiseta.
Al verlo me fui corriendo a la cocina y ante el vahído que me dio al entrar en la habitación decidí que debería tomarme una píldora de reabastecimiento de sangre porque debía haber perdido bastante.
Tras tomármela y esperar un rato hasta que me empecé a sentirme mejor, me quité las vendas y me limpié las heridas en la pila y después me acerque al tubo de alimentos y pedí harina. Cuando cayó el paquete lo cogí, lo abrí y me eché la harina sobre la herida llenándola para evitar la pérdida de sangre y ayudar a su coagulación. Después cogí parte de las vendas que hice la otra vez y que aunque estaban llenas de sangre podían cubrir todo el corte.
Salí de la cocina mientras me ponía el chaleco y la katana que llevaba siempre a la espalda y con la que había atravesado al inquilino del lujoso piso.
Cuando estaba en el salón recogiendo las cosas que me iba a llevar del piso un fuerte golpe hizo que la puerta del piso se viniera abajo y lo primero que hice tras activar mi poder, el gran don que al nacer me dio el corrupto de Amaesh, fue sacar rápidamente de su estuche la medalla y ponérmela en el chaleco.
Hacía mucho tiempo que no tenía tanta suerte porque en el segundo que tardé en ponérmela y apretar su cabeza para poner el escudo en funcionamiento, cerca de diez agentes entraron y descargaron sus katanas sobre mí.
Recuerdo que estúpidamente levanté mi brazo herido para cubrirme y lo único que hice fue no sentir nada, ya que cuando abrí los ojos me encontraba mirando como el escudo azulado que me cubría había parado todas las katanas que se habían desplazado hacia mi y que estaban haciendo fuerza sobre el mismo inútilmente.
Me había agachado, probablemente habría podido hacer algo de no haber tenido el escudo, pero teniéndolo, ¿por qué no usarlo? por eso me arriesgué a que no funcionara y por eso me cubrí con mi lastimado brazo, por si no funcionaba por cualquier cosa. Me levanté, aparté de un empujón las espadas que aún seguían intentando traspasar el escudo azulado que se ceñía a la forma de mi cuerpo y miré al único agente que no había siquiera hecho amago de desenfundar la katana que tenía colgada de la espalda.
-¿Así que por esto es por lo que habéis venido? - Preguntó mientras me clavaba dos ojos que en un instante pasaron del negro mas oscuro a un azul deslumbrante - para matar al pobre general Owen y robarle su insignia.
No quise responder, no quise decir nada y como bien se hacer le di a entender con una fría mirada lo que creía que debía ver en mis ojos, ira, rabia, desprecio... Todo aquello que me hicieron sentir cuando estuve encerrado en los laboratorios de Amaesh.
-Oh, ¿así que el renegado no quiere responder pero nos dice que nos vayamos al diablo? - dijo con un deje irónico en la voz, a la vez que se acercaba para que pudiera escuchar yo solo lo que iba a decir - nosotros estamos arriba y tu junto con tus malditos compañeros estáis abajo. Eso es algo que no podréis cambiar aunque consigáis perdurar durante mas de mil años.
Después de su sencillo discurso miró al resto, dio alguna orden a alguno en especial para que se encargaran del cadáver de Owen y volvió a abrir la boca.
-No le dejéis salir, solo Amaesh puede desactivar el escudo que tiene puesto ahora mismo.
Ante esta última orden los agentes se pusieron a mi alrededor, incluyendo al usuario de poder renegado que me había hablado, y sin que pudiera hacer nada pusieron todas sus katanas apuntando hacia mi dejándome en el centro.
Cuando vi que habíamos llegado a este punto y que era evidente que iban a llamar a Amaesh para que desactivara mi escudo, me di cuenta que podía ser usado como arma también, ya que era una armadura pero se podía luchar cuerpo a cuerpo con ella puesta, así que sin pensarlo dos veces salté en el aire dando una voltereta sobre las katanas y los agentes hasta caer detrás del líder.
Cuando este se dio cuenta esquivó la patada que le había lanzado y me lanzó un tajo horizontal con su katana sin recordar el escudo, por lo que yo puse mi brazo entre medias y el escudo hizo su parte deteniendo la hoja con lo que sería mi muñeca. Sin pensarlo dos veces agarré la hoja de su katana con la mano del brazo que la había parado, tiré de ella hacia mi y agarré al agente con la otra mano del cuello, le levanté y mirándole a los ojos le dije que aceptara lo que era, que pensara a favor de quien ponía su poder y si realmente este lo merecía. Seguí mirándole durante un segundo y le dije que le dijera al dictador lo que había ocurrido esa mañana en el piso, que no lo olvidara porque no sería la ultima vez.
Tras esos segundos en los cuales nos miramos a los ojos el uno al otro, le lancé contra la pared y eché a correr hacía la ventana del salón.
Los otros agentes al ver que me quitaba de en medio a su líder con tanta facilidad se lo pensaron antes de atacarme pero sin duda lo hicieron y por ello los fui apartando a empujones según se ponían en mi camino.
Cuando llegué a la altura de la ventana, con la inercia de la carrera que había cogido, cuando estaba a unos dos metros de ella, salté hacia delante con lo que inevitablemente chocaría con ella. Para evitar el aturdimiento de darle con la cabeza giré en el aire y choqué con la espalda contra el cristal con lo que la última imagen que vi de la habitación en la que estaba antes de caer, fue la de unos agentes con cara de incomprensión al ver que me tiraba por la ventana que corrían hacia ella para evitarlo.
La siguiente sensación que sentí fue el característico escalofrío que da cuando caes en picado, ya que caía completamente hacia el suelo desde la altura de un vigésimo piso.
Justo cuando estaba a punto de chocar con el suelo empecé a oír los gritos procedentes de la gente que me había visto caer por lo que reemprendí el vuelo y al activar los antigravitatorios no pude evitar que los cristales de la ventana que caían conmigo me dieran al pararme antes del impacto. Cuando me paré me orienté y salí disparado hacia el lugar donde había quedado encontrarme con Tarish, más allá del desierto este.


. . .


En cuanto me levanté le vi corriendo hacia la ventana, aparatando a mis hombres a empujones como si no fueran mas que moscas en su camino. Empecé a correr hacia él porque sabía lo que iba a hacer, es decir tirarse por la ventana y si era quién creía que era se nos escaparía. Hace unos meses atrás mataron a un oficial mayor del mando principal de la agencia y por el examen tras la muerte se pudo saber que era Kirin el transeúnte, ya que tras atacar al oficial se puede ver que lo último que vio en su vida fue a Kirin despegando del suelo.
Se tiraría al vacío y se iría volando y efectivamente es lo que hizo ya que saltó contra la ventana y tras eso chocó con la espalda contra ella rompiéndola y mirándonos con la clara intención de decirnos que habíamos perdido.
Lo mas rápido que pude me acerqué a donde segundos antes había una ventana y me asomé en el momento perfecto para ver a Kirin remontando el vuelo y huyendo en la lejanía.
Me giré y miré a los agentes que me rodeaban, con lo que en lo único que pude pensar es en la única frase que había oído de los labios del transeúnte.

“Acepta lo que eres, piensa a favor de quien pones tu poder, y lo más importante, si realmente éste lo merece. Dile a Amaesh lo que ha ocurrido esta mañana en el piso, que no lo olvide porque no será la ultima vez que ocurra.”

Esa frase desde que me había levantado no podía quitármela de la cabeza, habría gente que pensaría que estoy loco, el propio Amaesh uno de ellos, pero era un usuario de poder, el único que no estaba esclavizado en los laboratorios y no pertenecía a los renegados. Realmente en ese aspecto Kirin tenia razón, debía pensar en a quien le debo brindar mi poder.
Seguí pensando en ello mientras mis hombres hablaban entre ellos en la otra punta del piso.
De repente mi mente aceptó una posibilidad que sería una baza que solo sabría yo y que me podía traer beneficios en un futuro.
Con una sonrisa en mi cara me acerqué a mis compañeros y me puse en el punto en el que había estado Kirin de pie levantándome en del cuello. No pude evitar pensar la fuerza que tenía ya que el escudo lo único que hace es proteger a su portador, no le da ningún aumento de fuerza, por lo que era un enemigo formidable al poder sin ningún esfuerzo conmigo, el único de la agencia que por mi fuerza física había conseguido llegar a ser uno de los eslabones mas importantes dentro de la agencia de la autoridad y un hombre con contacto directo con el mismísimo Amaesh, mas bien bajo su tutela.
Estando en esa posición vi mi katana tirada en el suelo, justo donde Kirin la había soltado antes de echarse a correr. Me agaché la cogí y la envainé en la funda que tenía colgada de la espalda.

-Kanit tenemos que informar de esto al general Price - se me había acercado uno de mis hombres para decirme algo que era evidente y por consiguiente el resto de ellos se fueron acercando - maldito, ha robado tecnología. Eso es grave.
Sin saber por qué desenvainé de golpe mi katana y le lancé un tajo vertical al pobre arrebatándole la vida. El resto de los hombres me miraron con cara de incomprensión mientras su compañero caía agonizando a mis pies, y no pude hacer otra cosa que no fuera aprovechar ese segundo de indecisión para lanzarme contra ellos.

Uno tras otro fueron cayendo contra el suelo y muriendo en el mismo sitio en el que el general Owen había perdido su vida. Cuando acabé con ellos me quedé mirando la carnicería que había armado y con una carcajada histérica me dije que era un seguro para mis propios fines ya que si Amaesh no conseguía enterarse de que el general había perdido su medalla sería un punto a mi favor.
Cuando conseguí aceptar lo que acababa de hacer atravesé con mi katana las cabezas de todos los cadáveres excepto el del general, para evitar que en el examen pos muerte me acusaran a mi de matarles y le acusaran a Kirin, y después me corté en el brazo derecho con la katana para hacer de excusa de porque no les había defendido.
Otra excusa sería el hecho de que me había dejado con vida para que le contara a Amaesh lo que había ocurrido con lo que realmente no mentía, ya que era lo que Kirin me había dicho, solo que con una pequeña diferencia, que diría que el había matado a todos mis hombres antes de saltar por la ventana y huir volando.
Realmente era una traición lo que había hecho pero en mi mente realmente lo que era, era una manera de asegurarme un beneficio, un seguro a mi favor, en el fondo lo que había hecho era hacer caso al renegado con lo que me había asegurado un punto por donde escapar cuando Amaesh ya no pudiera enseñarme nada mas, y así poder vengar a toda mi raza.

05 - El ilusionista

La dura realidad es la siguiente: todo lo que creía se desvanece en la nada, como si no existiera; situación parecida a cuando un loco intenta hacer un castillo de naipes en un día de viento; ilusiones sin parte física, ilusiones que lo único que hacen es que tu corazón no pare de dar saltos, ilusiones que pese a darte una esperanza para seguir viviendo son tan débiles, simples y efímeras como un suspiro.

En el fondo ¿qué es lo que son las ilusiones?, simples cartas que se apilan, para que la mas débil de las ráfagas del viento las pueda arrastrar sin remedio. Al haber dado esta afirmación, todo el mundo pensará -de qué nos estará hablando este pirado-; pero la realidad es que no soy un pirado simplemente soy una persona como todas las demás, otra persona tan normal como esa chica que te encuentras todos los días en el metro de camino al curro, esa chica que conoces de todos y cada uno de los días, esa chica que has visto de mil maneras distintas, ya sea con abrigo en el mas crudo invierno, o con pantalón corto en pleno verano; esa chica de la que muchas veces habrás pensado –¿qué pasara si me acerco y la saludo? –; esa chica que sabes que también te conoce de todos los días, igual que tu la conoces a ella; esa chica que en algún momento te hizo pensar en cosas, tales, que al segundo de hacerlo deseaste no haberlo pensado, mientras, una sonrisa sincera aparece en tu rostro; esa chica que cada vez que la encuentras en el metro justo antes de que se abran las puertas, si da la casualidad de que os miráis, te sonríe; esa chica, de la que nada mas conoces la parte de su vida que pasa de tal estación a tal otra; con esta chica tus pensamientos vuelan, cambian de sitio al momento de verla, y te metes en un mundo, interior, compartido, es tu mundo propio, algún lugar perdido en tu mente en el que todo es especial para ti, lugar en el que nadie puede entrar, un lugar hecho de ilusiones... pero estas no son mas que lo que hay en tu cabeza; y por tanto de un simple plumazo pueden ser borradas de su efímera existencia con gran facilidad.

Esto es lo que pensaba Kage cuando se sentó en la butaca del metro y miro a la chica que todos los días se sentaba enfrente, ya que era una chica que, aunque algunas veces se había sentado a su lado, no le había dirigido la palabra, pese a que cuando esto había pasado ella no le había quitado el ojo de encima. Hoy era uno de esos días, había sitio a su lado, ella había hecho el amago de sentarse en la butaca libre de enfrente, pero por alguna razón ella sin que el se lo pidiese, y aunque es lo que deseaba, se había girado miro el asiento vacío a su derecha y se había sentado. Kage estaba en su asiento, sin querer pensar mas que otros días, haciendo como si no pasara nada, pero en realidad no perdía detalle de todo lo que ella hacia en la butaca que ocupaba a su derecha, cada movimiento que ella hacia le ponía los pelos de punta, se colocaba las gafas, o sacudía el extremo de su falda, la cual colgaba sobre sus piernas cruzadas.

Kage no quiso esperar, su mente empezó a volar. Todo le daba vueltas imaginaba un mundo libre en el cual su persona no fuera controlada constantemente, en el y su compañera anónima pudieran vivir en libertad sin necesidad de tener que esconder sus sentimientos. Un lugar en el que pudiera preguntarle sin temor a una cara que le diese a entender que no entendía porque le hablaba, cosa probable en el caso de que lo intentara. Un mundo en el que ese Tarish pudiera vivir si le diera la gana, pensando lo que quisiera sin tener que llegar al punto de defenderse de esa manera, usando ese supuesto poder diabólico que decían que tenia en los medios.

Estaba pensando todas estas cosas cuando la realidad y todas las ilusiones se cayeron, mas que eso, no es que se cayeran, se las llevó el viento.

-¿Cómo te llamas? – ese sonido resonó por todo el vagón en el que solo había cinco o seis personas incluyéndoles a ellos – esque como siempre me miras y pones la misma cara que la de hace un momento, he pensado que me gustaría saber tu nombre.

En ese momento Kage pensó que el mundo era un mundo que se parecía al de su imaginación, no el de su imaginación, sino uno que empezaba a parecerse.

-Kage, me llamo Kage - dijo girando la cabeza hacia su audaz acompañante.

-A quien las sombras envuelven, un nombre así debía tener- susurró la chica mientras dirigía sus ojos al suelo y le surgía una sonrisa de malicia en la cara.

Kage notó un escalofrió que le recorría la espalda, una descarga eléctrica que le dejó helado, sus pelos de punta y un roce en su mano, que fue el que debería haber provocado el escalofrío.

El escalofrío le recorrió el cuerpo segundos antes de que la chica apoyara su mano sobre la suya, cosa que le hizo plantearse todo lo ocurrido.

-Destino- pensó- no, no creo, esto es algo que ha ocurrido por simple azar.

-Y tu ¿quién eres?- pregunto Kage dirigiéndole la mirada a los ojos por primera vez - ¿Y cómo has hecho eso?

-Yo no he hecho nada. Eso es algo que haces tu inconscientemente, por eso en parte sigues aquí. No te has dado cuenta , pero cada vez que vas a un control de pensamientos o pasas cerca de agentes con atarners dejas de pensar en las cosas de siempre y piensas en cosas favorables al sistema – dijo con sinceridad poniendo sus verdes ojo sobre los de Kage – intuyes inconscientemente donde van a estar, y de esta manera al dejar de pensar en tus verdaderos pensamientos, lo único que captan de ti es que eres otro inepto mas engañado. No eres consciente de ello, pero eso es lo que haces – le confesó con premura – y, por cierto mi nombre es Jane.

-Me estas diciendo que tengo poderes - contesto Kage medio incrédulo, lacónico o incluso hasta hiriente, pese a estar con cierto recelo por lo ocurrido – me estas diciendo que controlo mentes o algo así.

-No me has entendido – contesto jane poniendo los ojos en blanco – No es un poder, sino una habilidad.

-¿Habilidad?, algo así como una forma de ser – dijo Kage poniéndose, esta vez sí, serio al ver que Jane iba en serio - ¿Parecido a un escudo contra las intrusiones mentales de los atarners?

-No, no es eso, usas esa habilidad de una forma...

Jane no terminó la frase o al menos, si lo hizo, Kage, no la oyó, simplemente por el hecho de que en ese instante un montón de imágenes, escenas, sonidos, conversaciones, atravesaron su mente, haciéndole ver algo ocurrido que no tenía nada que ver con lo que estaba pasando en ese vagón de metro.

Kage vio algo que no tenia sentido, se vio como en el cuerpo de otra persona, era un chico, de pelo rubio, largo, que estaba muy cansado y que hablaba con otro hombre que por imposible que pareciera se encontraba suspendido en el aire.

Ellos hablaban de un poder que tenía él, el chico rubio, y que debería poner a las ordenes de una organización para acabar con el poder de Amaesh. El chico aceptaba pero justo en ese momento unos edificios en la lejanía reventaban con el típico modus operandi que usaban los agentes de la autoridad cuando iban a inmovilizar a un sospechoso de traición.

Al ver esto Kage sintió como propio el odio, la rabia, y la tristeza de ese chico, hasta tal punto que vio como le consumían y nublaban su mente. Esto provoco algo que asustó a Kage, una gran cantidad de energía fue despedida, y se manifestó como lenguas de fuego brillante a su alrededor, mientras que un penetrante dolor en la cabeza le hizo despertarse en el suelo del vagón, sudoroso, lívido y sin fuerzas.

Lo primero que vio después de todo fue la cara de Jane, que le decía que qué había visto, como si supiera que él hubiera visto algo.

Le explicó lo que había visto en su sueño y cuando lo terminó de explicar, Jane, lívida, le cogió del brazo y le levantó del asiento del metro y salieron en la próxima estación.

Cuando salieron vieron que había mucha gente aterrorizada intentando entrar en el vagón, y , sin entenderlo aún, siguió a Jane a la superficie.

Cuando salieron, después de esquivar a cientos de personas que entraban llenas de pánico en el metro, a lo lejos vio algo que venía directos hacia ellos y que le paralizo el cuerpo del pánico.

Era un chico rubio, de pelo largo que envuelto entre llamas de color violáceo saltaba de una pared de edificio a otra, dejando cráteres allí donde se impulsaba.

Sin duda se debía de tratar de ese chico que había visto en su ilusión, pero en ese momento ató cabos y se dio cuenta que era ese Tarish del que hablaban en los medios de divulgación de noticias.

Lo peor de todo fue cuando en vez de ir al siguiente edificio, fue a parar al suelo a unos escaso dos metros de él, con lo que sintió el calor que despedían esas llamas ardientes que le rodeaban el cuerpo.

Una mirada. Conectada. Ambas personas unidas por un mismo destino al destruir el sistema.

Eso es lo que vio Kage al mirar al chico ardiente a la cara, y una sonrisa demacrada es lo que obtuvo como recompensa, sonrisa que le dio a entender que ese chico había compartido esa ilusión, esa fantasía que le había inundado momentos antes de que saltara provocando un cráter en el suelo que le desestabilizara y le hiciera caer al suelo.

En ese momento lo supo, Kage lo comprendió, el tenía la habilidad de ver que penas, esperanzas, sentidos deseos padecía la gente de su alrededor guardados en sus cabezas, y por tanto, se dio cuenta de que todo por lo que había pasado esa mañana le llevaba a un solo destino, convertirse en ilusionista.

Monday, February 12, 2007

04 - La ira de Tarish

En este momento no se que es lo que ha ocurrido, creía que dominaba la situación, más bien, creía que él sabría contenerse, pues lo acaecido hoy aquí es algo que evidentemente ocurriría y él no ha podido contenerse de ninguna manera.
Ya le había conocido, había sabido como era, como funcionaba su mente, o eso es lo que creía.
Esto me dice que debo dejar de confiar en mis prejuicios , los cuales casi nunca fallan, pero como humano que soy también erro, también me equivoco, a pesar de que ya le había convencido y parecía estar conseguido.
El chico tiene un gran don, un don que supera por completo la evolución genética que se preveía, o que al menos Amaesh pretendía lograr.
El gas Soecar que Amaesh esparció por todo el mundo, a lo largo de los 3 continentes, pretendía que a largo plazo, unos 50 años, empezara a crear mutaciones genéticas que crearan hombres de intelecto superior, una minoría sí, pero que se crearan.
Amaesh tenía un intelecto muy superior al que tenían las gentes de su época y, la verdad, supo utilizarlo, en 15 años desde la fecha de su nacimiento en algún lugar del continente oriental. Empezó a maquinar desde temprana edad, y cuando llegó a los 15 años, penetró en el parlamento director del gobierno mundial con multitud de seguidores y objetos de alta tecnología, ante los que ni siquiera el ejército mundial podía hacer frente.
Una de estos objetos era este gas que esparció por todo el mundo.
Sus seguidores se convirtieron en una fuerza de élite llamada agencia de la autoridad y sus miembros eran los agentes de la autoridad, que por supuesto era él, Amaesh.
20 años después de su subida al poder, en torno al año 2026, se empezaron a ver casos de niños llevados a los examinadores (gentes encargados de los exámenes mentales) porque parecían inusitadamente lúcidos y listos para su edad.
Misteriosamente esos niños morían durante los exámenes y curiosamente cuantos mas morían mejores y mayores comodidades había entre las gentes de a pie, claramente proporcionados por nuestro gran salvador Amaesh.
Ejemplos de esto son los distribuidores o tubos de alimentos, los códigos grabados en nuestros hombros derechos como si fueran tatuajes para nuestra identificación, y control; el controlador atmosférico, el dispensador de materiales (armario del que se pueden sacar multitud de objetos por replicación de estos), etc...
A los 30 años de que el gas Soecar fuera liberado hubo un acontecimiento inusitado, uno de estos niños que “había muerto” fue avistado por su familia rondando su antigua casa, asunto que la autoridad quiso esconder a la población.
El germen de la duda ya estaba en el aire.
Este niño se llamaba Raesh y lo que ocurrió fue que se dedicó a localizar a niños como él para legar a formar una resistencia, pues se había escapado de unas instalaciones subterráneas donde estaban todos los niños muertos en los exámenes y que eran los que habían desarrollado estos inventos que habían revolucionado el sistema de vida.
Yo fui uno de los primeros reclutados por Raesh, cuando tenia 9años y recuerdo perfectamente lo que me dijo:

“Kirin, ayúdame a terminar con aquel que está esclavizando a nuestra raza”.

Así supe todo acerca de la corriente eléctrica, el porque de esas visiones que tenía y que me provocaban jaquecas insoportables.
Es curioso que lo que Amaesh creó para su propio beneficio, se fuera en su contra 50 años después de haberlo creado.
Es curioso que al intentar crear una mutación genética para el intelecto, la propia evolución humana evolucionara a partir de la misma mutación que él creó.
Esto estaría bien si se pudiera controlar, pero el joven Tarish, el 1º y único de su especie, no pudo hacerlo, como me demostró en esta azotea.
El poder que se despertó en él debido a esta mutación fue causado por un sentimiento, la ira, que le invadió e hizo que su cuerpo empezara a arder pomo un pira, pero su cuerpo en si no es que ardiera, sino que una fuerza de su interior hacía arder todo en un radio de 2 metros a su alrededor.
Cuando su cuerpo ardió en llamas y un aura flamígera de color azulado aparecía a su alrededor, su cara se contorsionó lanzando un grito al tiempo que saltaba hacia una columna de humo negro que apareció unas manzanas más allá del edificio sobre el que estábamos conversando momentos antes de que un estallido hiciera retumbar la tierra.
Sin duda era una bomba de materia negra, descubrimiento reciente en los laboratorios de Amaesh, de la que sabíamos gracias a espías de la organización dentro del laboratorio.
Al ver perderse a Tarish a lo lejos, fui rápidamente hacia donde estaba el emplazamiento de la detonación, edificio en el cual, según Tarish me dijo, era donde malvivía con su pobre madre.
Según me acercaba al lugar mencionado, desde mi perspectiva aérea, podía observar los lugares donde el iracundo Tarish se había apoyado para impulsarse, ya que en las fachadas de los edificios había agujeros similares a cráteres producidos por una fuerza desmesurada.
Cuando llegue a las puertas del edificio pude ver los efectos de la bomba de materia negra, unas cargas de C-4 habían reventado la parte de la fachada en la que estaban los conductos de ventilación que conectaban con cada piso y luego la bomba de materia negra había introducido materia negra en estado gaseoso que provocaría un estado de coma profundo en todo aquel que la respirara. De ahí que la columna de humo de color negro en el aire momentos antes.
Al llegar me pose frente a la entrada y pude ver un lamentable paisaje a mi alrededor.
La patrulla de agentes que se quedo en la entrada del edificio estaban muertos, despedazados y tirados a lo largo de la calle. Ante este lamentable espectáculo, pasé observando con cierta aprensión los restos de los agentes e intentando imaginar la llegada de Tarish, su victoria inmediata y aplastante sin tiempo de reacción por parte de los agentes, porque, sí, no había duda yo conocía al autor de esta atrocidad, y algo me decía que esto solo era una pequeña parte de lo que me podía encontrar en el interior del edificio.
Según iba subiendo las escaleras del edificio me encontraba con la misma situación que en la entrada, solo que al haber sido una lucha en interior se veían boquetes en las paredes, algunos rodeados de sangre, con lo que no me quería ni imaginar lo mas probable que hubiera ocurrido, es decir, que al darles un puñetazo (si es que se le podía llamar a si a eso) les había atravesado de parte a parte y había hecho el boquete en la pared.
Me parece que en este momento es cuando comprendí lo que significaba aquello que Raesh una vez me dijo y que tan aplicable al momento era, “"la ira es una espada de doble filo, te puede dar mucho poder, pero luego todo el poder prestado se puede volver en tu contra de una manera u otra”. Luego el chico de haber obtenido tal fuerza iba a saber lo que era bueno, pues tenía tal fuerza que se haría daño a si mismo al no controlar su propio cuerpo.
En realidad, aparte de en las atrocidades que podía contemplar, solo pensaba en como tranquilizar a Tarish, al cual se le oía dar golpes pocos pisos por encima que retumbaban por todo el edificio, que no podía hacer mas que temblar ante su desbocado poder.
Al llegar un piso por debajo del piso de la vivienda de Tarish pude vislumbrar la escalera que llevaba al pasillo de su puerta. Al avanzar por la escalera que llevaba a su rellano no pude evitar el fijarme que debía ser ese piso sencillamente porque la sangre que estaba, aun mas marcada, sobre las paredes escalones, etc...
Cuando llegue al rellano me quede mirando la carnicería provocada por Tarish, el cual había destrozado a unos 10 hombres y no se que me impacto más, si ver la cantidad desorbitada de miembros amputados, o que un torso apoyado contra la pared que parecía mirar en mi dirección pareció parpadear.
Cuando me puse frente a la puerta aparté un brazo ensangrentado hacia un lado con cara de repugnancia y entré en el piso cerrando la puerta tras de mi. Era un piso de tipo convencional y en este momento parecía como si todo lo que había en el pasillo principal hubiera sido pasado bajo las llamas de un lanzallamas.
De repente oí una voz, mas que eso un sollozo, miré con cuidado por el borde de la puerta y para no hacer ruido levité en el aire para no hacer ruido al pisar algo.
En la habitación al otro lado de la puerta pude observar una escena escalofriante, algo que me puso los pelos de punta.
Tarish estaba llorando sobre el cuerpo en coma de su madre, la cual al respirar el aire contaminado con materia oscura calló desmayada y se había golpeado en la cabeza con la esquina de una mesa, y al abrírsela estaba empapando con su sangre el regazo de Tarish el cual lloraba desconsoladamente sobre ella.
Al ver la situación no pude evitar pensar que Tarish en el fondo era un chico , pero de repente vi que se levantaba y venia hacia la puerta. Sin casi tener tiempo me pegué a la pared del techo para poder ver sin que me viera, y Tarish ardiendo como una pira paso por debajo de sin fijarse que estaba en el techo, y a la vez que sentí como sus llamas me lamían el cuerpo y todo aquello a su alrededor.
Tras esto fue a otra habitación cogió unas plantas, las machacó, y luego con un trapo volvió con su madre a la que le aplicó el cataplasma que había hecho y presionó con el sobre la brutal herida de su cabeza.
Al fijarme mejor vi que empezaba a salir un humo negro del lugar de la herida y poco después Tarish quito el trapo dejando al descubierto una calva en la cabeza de su madre, pero una calva sin herida, ensangrentada sí, pero sin herida.
En ese momento, tanto yo como él, pegamos un brinco al oír un pitido repetido. Yo me eleve en el aire, Tarish, creó un muro de fuego alrededor de él y su madre.
Súbitamente empecé a oír un risa que reconocí como la de Tarish, así que miré por el resquicio de la puerta y le vi sosteniendo un móvil.
Tarish presionó la tecla para iniciar la comunicación.
Había tal silencio que conseguí escuchar como Tarish hablaba por el teléfono y lo que comentaba el que le había llamado.
-¡¡¡¡ Tarish tronco!!!! ¿dónde coño estas? Te llevamos esperando mas de media hora – dijo la voz a la vez que Tarish miraba el reloj de la pared que debía estar sobre la puerta por la que miraba y escuchaba yo – ¿vas a venir o no?
Desde mi punto de vista pude observar como Tarish sonriendo y llorando contestaba mientras las llamas ondeaban y le lamían el cuerpo.
-Moer, si te lo contara no me creerías – dijo con un deje de voz
-Tío, ¡¡¡no me pongas otra estúpida excusa!!! – contestó con ira aquella voz.
-Mira Moer lo mejor que podéis hacer ahora es olvidaros de que me conocéis – comentó Tarish con un hilo de voz mientras que su amigo le intentaba interrumpir diciendo algo de que si se había enfadado – yo ya no existo – susurró sonriendo – ya os enterareis que ha pasado conmigo.
En ese momento alejó el móvil de su oreja y con un grito e ira apretó la mano y al abrirla los trozos del aparato, ardiendo, cayeron al suelo.
En ese momento se dirigió a la puerta diciendo:
-Porque ya no existo para el resto de la gente ¿verdad Kirin? – comentó mirándome a los ojos por el resquicio de la puerta.
-Cierto – dije compadeciéndome – ¿cómo supiste que estaba aquí? – pregunté sorprendido
-Je – rió Tarish – ¿por qué sigues haciendo preguntas que ya conoces? – preguntó – cuando pasé por tu lado en el pasillo y estabas en el techo te tocaron mis llamas ¿verdad? pues supe que eras tu en ese momento.
-Cierto otra vez – asentí – recoge lo que necesites, si quieres nos llevamos a tu madre.
-¿Hay medios en la organización? – preguntó Tarish con una lágrima cayendo por su mejilla.
- Sí, vamos, llegaran mas agentes – dije para zanjar el tema.
Tarish, sin dejar de mirarme, cerró los ojos y de repente cuando los abrió las llamas desaparecieron y su cuerpo empezó a doblarse y sacudirse, hasta que Tarish tomó el control y consiguió, sin dejar de escupir sangre, levantarse y andar hacia la habitación donde cogió las plantas.
La repercusión era clara, su cuerpo estaba agotado, dañado, herido, y la frase de Raesh me volvió a la mente.
Le seguí y entré en la habitación que antes no había podido observar desde mi escondite.
Me quede estupefacto, puesto que había muchos planos por todos lados, prototipos de trajes, probetas, una especie de forja las plantas que ya había observado antes y multitud de objetos que no había visto en mi vida.
Al entrar cogí un objeto que había sobre una mesa, era una especie de estuche, que al abrirlo contenía un cilindro alargado con un arnés que lo acopla al brazo y una tira de sujeción extra en la palma de la mano.
Era un objeto singular y al sacarlo del estuche y agarrarlo por el arnés que estaría sujetando el cilindro a la palma de la mano se empezó a calentar y , de repente, Tarish me pegó un manotazo al darse cuenta que había hecho, y el cilindro, por la parte que segundo antes había apuntado a mi cara, lanzo un rayo de energía, supuse en el momento, que destrozo la puerta por la que habíamos entrado.
-No toques nada – me espetó mientras guardaba el cilindro en su estuche – ayúdame a guardar los planos.
Tras este pequeño susto empecé a coger los numerosos planos, mientras él se colocaba en la palma de la mano derecha un aparato circular y lo sujetaba con un arnés a la mano. Después de esto cogió los planos y los guardó en maletas y los trajes y las plantas las metió a bulto en bolsas de viaje.
-Veámonos – dijo y cogió un granada fabricada por si mismo, pues no se pueden obtener si no eres agente, y puso el contador en 5 minutos – no puedo llevarme las probetas y lo demás así que lo destruiré, jeje y así si entra algún otro agente se llevará una sorpresa – comentó con una sonrisa cínica en la cara.
Una vez acabó fue al salón cargó a su madre sobre los hombros y fue hacia la puerta de salida mientras yo cogía los planos en la maleta y la bolsa con las plantas y los trajes.
Yo le iba siguiendo hacia la puerta que yo había cerrado cuando ésta saltó por los aires.
Al ver lo ocurrido Tarish levantó la mano derecha y activó el aparato que había visto como se colocaba en la palma.
-¡¡¡¡¡Aguanta la respiración!!!! – gritó Tarish.
Sentí un escalofrío y vi como mis ropas ondeaban hacia el aparato que Tarish tenia en su mano.
No se como explicarlo, todo el aire de la sala fue a para a su palma y a través del aparato que lo absorbió, vi como salía despedido hacia los atacantes formando un muro de aire sólido (por decirlo de alguna manera) y transparente.
El aire de la sala se recuperó , pues entró por la ventana más al dejar de haber en la habitación, pude observar con claridad como todo aquel que intentaba pasar por el muro de aire salía despedido hacia cualquier lado.-¡¡¡¡Kirin!!!! Tenemos que irnos – me espetó.
-¿Qué es ese aparato? – le pregunté.
-No hay tiempo ya te lo explicaré – dijo con cara de angustia - ¡¡¡¡¡la granada!!!!! – gritó.
-Pero la puerta.... – no terminé la frase, ya que tuve el placer de observar otra vez esa transformación tan abrumadora y como una vez terminada 2 o 3 segundos más tarde de un puñetazo Tarish reventaba la ventana del salón junto con casi toda la fachada que ocupaba su piso.
Me volvió a pasar, le vi saltar dejando una especie de cráter en el suelo y como el muro de aire cayó en ese instante y los agentes saltaban hacia mi con sus katanas en alto me volví a ver solo en una situación un tanto problemática.
Ante esto puse los ojos en blanco y con la maleta de los planos y las bolsas salí volando por la abertura en la pared del edificio.
Otra vez fui siguiendo los cráteres en los edificios y mientras reventaba el edificio que habíamos dejado atrás le vi esperándome con su flamígera melena ondeando sobre una farola le la calle que se había doblado un poco al recibir el peso y la fuerza de caída al aterrizar Tarish sobre ella.
-¿Dónde vamos? – preguntó Tarish mientras colocaba bien a su madre sobre los hombros – llévame a la organización.
-Sigue al norte y cuando salgas de la ciudad ve al este hasta que llegues al curso del rió Maine. Espérame ahí.
-Te esperaré allí Kirin – dijo sonriendo – ten cuidado.
-Sí – contesté sin poder evitar que surgiera una sonrisa en mi cara – allí nos veremos.
–¡Tarish! – exclamé justo un momento antes de que Tarish saliera disparado haciendo que se parara y me mirara – ¿Puedes llevar las maletas y los planos contigo?
–Sí, ¿Por qué? – preguntó Tarish con cierta curiosidad
–Digamos que tengo aun algunos asuntos por resolver – contesté mientras le pasaba las maletas.
–Bien. Te esperaré en la orilla del Maine Kirin, no me falles. – dijo con una sonrisa en su cara.
Tras ese alarde de confianza y cierta intención de amenaza, le vi saliendo disparado hacia el norte y pensé que Raesh me mataría por el espectáculo que había montado el chico al que he decidido por mi cuenta llevar a la organización.
El castigo sería ejemplar pero merecerá la pena por el miembro que acababa de conseguir para la organización.

Saturday, February 03, 2007

03 - kirin el misterioso y una visión inquietante

¿Qué debo pensar?, todo lo ocurrido es algo que ciertamente creo que me supera, hacer un repaso de todo lo que ha pasado en apenas 2 horas es algo imposible.
Un día te levantas y en lo único que piensas es seguir la rutina que Amaesh dicta en todos sus decretos, más que nada para no tener problemas con él y con todos sus malditos agentes.
Pero aquí estoy sentado en una azotea pensando que he pasado de ser una máquina movida por un sistema corrupto pero pudiendo vivir tranquilamente, a ser un criminal de clase 1.
En menos de 2 horas he hecho algo que nunca pensaría que podría hacer, ahora mismo los agentes me estarán buscando para ejecutarme por haber infligido varios decretos, tener pensamientos no aceptados en el régimen (decreto nº 27), resistencia a los agentes de la autoridad (decreto nº 23), no aceptar una pena impuesta “justamente ” por los agentes de la autoridad (decreto nº 24), agredir a un agente de la autoridad (decreto nº 20), matar a un agente de la autoridad (decreto nº 25), evasión y fuga (decreto nº 28), y otros tantos que seguro habré infligido simplemente por haberme convertido en un hombre buscado, y todo ello como ya he mencionado me convierte en un criminal de clase 1.
Para colmo tengo que volver rápido a mi casa a buscar mis planos y los prototipos, aún con fallos, pero prototipos, ya que si los de la autoridad los encuentran se los apropiaran, cosa que no me hace ninguna gracia. Esta es la realidad, yo sin lugar donde esconderme y con necesidad de volver a un lugar donde seguro me estarán esperando.
Al pensar en esto, lo único que se me ocurre es que debo moverme pero mis músculos no responden, es como si me hubiera quedado sin energías, como si la corriente eléctrica al abandonarme se las hubiera llevado consigo. De repente oigo un sonido y unas palabras que me dicen que han visto lo ocurrido y que nos llevaremos bien. Je, lo que me faltaba, ahora un agente de la autoridad me había encontrado, pero no tengo ni las menores fuerzas, ni ganas, para levantarme y menos aún para luchar con él.
Sin prisas ni movimientos bruscos levanto la cabeza, y a través de mi pelo lacio, sucio por el sudor, que me cae sobre la cara le miro.
Al principio pienso que es un maldito agente y agacho la cabeza tras echarle un vistazo, pero de repente, al hacerme una imagen mental de lo que he visto, levanto la cabeza bruscamente y anonadado.
Es un hombre de constitución media tirando a fuerte, moreno, pelo negro, ojos azules, de un azul intenso, casi blanquecino que provoca una mirada ciertamente inquietante, pero eso no fue lo que me llamó la atención, no, lo más sorprendente era que estaba suspendido en el aire como si no pesara nada.
En ese instante recuerdo las palabras que me han hecho levantar la cabeza al pasar por mis oídos, le miro fijamente y respondo.
-¿Qué te hace pensar eso? - Contesto bruscamente y con bastante recelo - si me has visto sabrás de lo que soy capaz.
Sin pensarlo dos veces mi mente lógica empieza a funcionar y contra la voluntad de mis huesos y músculos me pongo en pie por si acaso me ataca.
- Creo que no nos hemos presentado - dice con un tono cálido mientras se posa suavemente sobre el borde de la azotea y me mira fijamente - Soy kirin, y no, no soy un agente de la autoridad.
Ese último comentario se lo podía haber ahorrado, o por lo menos, podía haberlo dicho con otro tono, ya que al decirlo de esa manera tan fría hizo que todos mis pelos se pusieran de punta. No se si fue por el escalofrío o simplemente porque mi cuerpo no se mantenía en pie, pero caí de rodillas y al toser vi que lo que tosía era sangre.
En ese momento al verme caer kirin sonrío y simplemente se agachó hasta ponerse en cuclillas y así poner sus ojos a la altura de los míos.
- Si señor, sé de lo que eres capaz, pero aún así todavía no estas a mi altura, si te hubiera querido hacer algo ya estarías muerto - susurró con una sonrisa cínica en la cara - pero cuando me mandan a por un nuevo recluta para nuestra causa, no estaría muy bien que lo llevara muerto ¿no?
Ante esto yo seguía preguntándome quien coño era este tío que se hacía llamar kirin y que decía que me querían como recluta para una causa de la que no sabía nada. No tenía ni idea a que organización pertenecía esa causa de la que me hablaba, pero lo que sí sabía seguro es que cada vez me empezaba a encontrar peor y él no me daba nada por lo que dudar de su palabra.
Debí reflejar en mi cara lo que estaba pensando porque kirin sin decir nada empezó a rebuscar dentro de su bolsillo derecho en su chaleco y saco una especie de cápsula que me ofreció extendiendo la mano.
- Es una cápsula de recuperación de energía, hará que tu sistema curativo incremente durante las próximas 3 horas permitiéndote sanar las heridas que te provocaste en la pelea de antes.
Miré la cápsula, miré su cara y por mi mente empezaron a pasar las imágenes de lo que había sucedido minutos antes con los agentes de la autoridad.
-¿Qué me provoqué en la pelea? - dije muy confundido mientras me tragaba esa cápsula azulada que según kirin me curaría.
-Si, has usado un proceso que normalmente sólo tienen una minoría de personas y que suele ser de carácter intelectual, es decir, para incrementar las conexiones entre las neuronas del cerebro y conseguir un mayor rendimiento intelectual, - dijo mirándome fijamente a los ojos, cosa que provoco que esos dos focos de luz azulada me pusieran la piel de gallina - pero iba paseando en la acera de enfrente a la que tu ibas, cuando vi que de repente te empezabas a reír y vi como los agentes te miraban fijamente y te apuntaban con sus putas varitas lectoras de mentes. - comentó con rencor visible en esos ojos que tenían un suave reflejo parecido al hielo - Tras esto pense que iba a presenciar como los agentes mataban a varias personas inocentes junto contigo, pero de repente, vi un brillo azulado y vi como unas llamas de color azul bajaban por tu espalda, siguiendo tu columna, para luego volver a subir hacia tu cabeza. – Comentó visiblemente emocionado al recordar el momento - Después sin previo aviso contemplé como tu cuerpo estallaba convertido en llamas azuladas, violetas y celestes, para luego aparecer tu cuerpo lamido por esas llamas como ardiera pero sin quemarse.
-Y ese movimiento que sólo tienen unos privilegiados ¿qué tiene que ver con lo que a mí me ocurrió en la calle cuando me atacaron los agentes? - pregunté sabiendo en mi interior la respuesta pero sin querer admitirla.
-Muy sencillo, cuando vi que las llamas salían de tu espalda me recordó como los privilegiados intelectuales describían el proceso de mejora de sus cerebros - dijo con un tono ciertamente lacónico - como si una corriente eléctrica les recorriera la espalda y luego volviera a su cabeza.
Ante esto lo único que se me ocurrió decir fue un simple y vanal “ahh” que le dio a entender que yo ya sabía que me iba a responder.
-Ya sabías que te iba a responder ¿no? - Preguntó sonriendo y confirmando lo que pensé - por que tu puedes hacer el proceso de mejora de cerebro ¿no?
-Sí - contesté resignado - solo que no sabia que hubiera otros como yo.
-¿Cómo tu? Como tu no hay ninguno, nadie que tuviera esa capacidad está cualificado para la batalla - dijo dejándome sin palabras - tu has mejorado el proceso, aunque es evidente que lo que has conseguido requiere un desgaste masivo del cuerpo, cosa que te podría matar, lo has llevado a un nivel superior en el que no solo se controlan las conexiones entre las neuronas, sino que también se controla la fuerza de los músculos llevándolos a limites insospechados y en realidad has llegado a ese sentido de la superioridad que tanto teme Amaesh, aunque el precio ha sido acabar con el cuerpo tan destrozado como lo tienes ahora.
En ese momento comencé a sentir un calor en los músculos de mis piernas, aquellos que más había usado en mi pequeña disputa, y al rato me pude poner de pie.
-¿Así que ya te puedes poner de pie? Eso es señal de que puedes moverte otra vez y por tanto es hora de que nos vallamos al cuartel donde serás recibido con una calurosa bienvenida.
-Kirin, antes tenemos que ir ha hacer una cosa en mi antigua residencia.
Kirin me miró como si hubiera perdido el juicio.
-¡Pero tu estás loco! - Gritó mientras ponía una cara de preocupación e indecisión sumas - allí es donde más agentes de la autoridad habrá.
-Precisamente por eso hay que ir allí - dije mirándole a los ojos – en esa casa tengo unos planos y prototipos que como descubran los agentes acabaran en manos de Amaesh, lo que llevara a que los agentes tengan mayor poder al utilizarlos en su beneficio.
Al escuchar esto Kirin se quedó pensativo y tras unos instantes comentó
-No veo en que podría beneficiarme el acompañarte en esa misión suicida... – justo cuando iba a replicarle levanto la mano para callarme - ... pero a la organización le vendrían bien nuevas armas para luchar. - terminó con una gran sonrisa en la cara confirmando lo que ya había dicho de palabra.
-Bien una vez que ya sé seguro que me acompañas – dije con cara de preocupación – ¿cómo se supone que voy a bajar de aquí? porque no tengo ni idea de cómo hacerlo.
-Ese es problema tuyo – soltó Kirin sonriendo mientras se elevaba en el aire – piensa en como has subido.
Esto último lo dijo con un tono especial mientras subía una de sus cejas lo cual formó una mueca bastante ridícula que me provocó una carcajada.
Me concentré pensando en la situación en la que me encontraba, y tras pocos segundos sentí ese familiar cosquilleo por la espalda que al volver a mi cabeza provocó un pinchazo en la parte posterior de los ojos, con lo que empecé a verlo todo con mayor claridad. Miré a Kirin y le pregunté si había ocurrido algo y él al responderme que no se río de una manera condescendiente.
Justo en el momento en el que iba a decirle que con esa ayuda no iba a conseguir nada, una explosión bestial justo enfrente del edificio en el que nos encontrábamos provocó una enorme columna de humo denso y negro.
Esa columna salía directamente de una calle a unas dos manzanas de donde nos encontrábamos y eso me llevó a pensar que habían llegado al piso donde malvivía con mi madre.
Este pensamiento de mi madre sola en el piso atacado hizo que en mi naciera un sentimiento de cólera tal, que en un momento empecé a experimentar un dolor insoportable que recorrió toda mi espalda siguiendo mi columna vertebral, provocando así que me dieran unas convulsiones que me hicieron retorcerme y estirar la espalda para intentar reprimir el dolor que me cegaba. Ese dolor subió, tras haber recorrido mi columna y haber partido de la misma base del cráneo, a mi cabeza, la cual creía que me iba a reventar, lo que hizo que cayera de rodillas y me la agarrara con ambas manos mientras un desesperado grito se me escapaba entre los labios. De repente sentí tal dolor tras los ojos que pensé que habían reventado hacia fuera, con lo que sin poder explicar por qué me levante de súbito y me pareció sentir como mi piel se resentía al sentir algo similar a una explosíon saliendo de mi propio cuerpo.
A mí alrededor, esta vez sí, pude ver como unas llamas se expandían como en una explosión sobre mi piel y como al llegar al suelo, a través de mis piernas, lo empezaban a resquebrajar y quemar todo en un radio de 2 metros desde mi posición. En este punto sentí, sin poder evitarlo, como todas mis ropas, excepto los pantalones de correr que me ponía siempre debajo de la misma, estallaban en llamas, y un sentimiento empezaba a aflorar y a nublar mi mente,
Este sentimiento incontenible era una cólera sin sentido que se apoderó de mí al notar las llamas deslizarse y lamer todo mi cuerpo.
En este momento el dolor ya no existía, la cólera lo sustituyó y a la vez que sentí crujir mis piernas al flexionarlas, o más bien los músculos que las movían, miré desafiante a un Kirin que no se creía lo que estaba ocurriendo debajo de sus propias narices a través de las matas ondeantes que una vez fueron mi pelo. Al estirar las piernas el movimiento provocó que saliera despedido hacia la gran columna de humo, con lo que dejé a Kirin suspendido en el aire frente al edificio de nuestra conversación, reflexionando, con cierta idea de lo ocurrido, cara de incredulidad y temblando de lo que había tenido, según él, el privilegio de contemplar.

Sunday, January 28, 2007

02 - La corriente eléctrica

Yo, imaginaros, entre una multitud, lo único que hago es caminar y seguir la puta rutina, de repente me pasa por la cabeza un pensamiento que provoca una reacción en mi tan normal como puede ser el tener sueño, sobre todo dadas las horas que son, imaginaros que hace 50 años, antes del golpe de estado del viejo Amaesh, lo único que me podría haber pasado es que la gente a mi alrededor me mirara y simplemente pasara a mi lado, mirándome con cara rara, pero nada más, me evitarían, evidentemente, ya que si ves a un pavo como yo, con mis pintas, y encima riéndose a carcajada limpia él solo no es muy normal, y simplemente por tener un pensamiento personal que tiene que ver con política, a lo sumo la gente me miraría así como ya he descrito, o simplemente se reirían hacia si mismos y seguirían su camino sin importarles de lo que yo me reía.
Esto es lo que pasaría normalmente, yo pararía de reírme y solamente seguiría mi camino, pero todo esto solo sucedería si, hipotéticamente, y repito hipotéticamente, se eliminaran de la ecuación algunas variables y factores como simplemente que en vez de ser el año 2066 fuera el año 2006, si no hubiera por todos lados malditos agentes de la autoridad (en el año 2006 habría policías pero no tratarían a la gente como la tratan los agentes de la autoridad, sino que ayudarían, supongo), si la gente no estuviera siempre controlada, mentalmente me refiero, ¡dios!, cada vez que recuerdo mi último examen mental me entran nauseas, se creen que pueden controlar lo que piensas, yo a mi alrededor solo veo a robots trabajando como si fueran simples máquinas, cuando en realidad son personas que actúan de la manera que se ve, cara a lo que creo que Amaesh llama sociedad, más por temor a que les ejecuten que porque sientan devoción por el sistema.
Supongo que también tendría que eliminar de la ecuación a Amaesh mismo, así nunca habría pasado lo que paso aquel día a las 8 y cuarto de la mañana de aquel lunes. Simplemente por reírme por darme cuenta que el controlador atmosférico no funciona otra vez, al igual que el tubo de alimentos cuando fui a tomar mi desayuno, o simplemente el lector del código de barras que no lee el código que tengo tatuado con mi identificación en el hombro derecho, y que por tanto, no me dejaba salir de mi lugar de residencia, porque donde vivo no se puede llamar una casa.
Simplemente por tener “un buen día” iba a ser ajusticiado en un segundo por dos putos agentes que se creían superiores a mi por ser unos agentes de nuestra gran autoridad, vamos que me iban a matar en medio de la calle, y por consiguiente, también iban a matar a 3 o 4 personas más con la escusa de que habían pensado lo mismo que yo, luego harían unos registros falsos en su atarner para confirmarlo ante su superior y les harían quedar como cómplices de un traidor, o sea yo, y por ello descastarían a toda su familia, simplemente porque yo había pensado de una manera distinta a ellos.
En ese momento estaba pensando esto según veía que la gente se apartaba y los agentes se me echaban encima enarbolando sus katanas con intención de matarme a mi, probablemente a la pobre señora que tenía detrás de mi echada en el suelo sin poder moverse al ver lo que se le echaba encima y a 2 o 3 personas más que no me había parado a ver.
No sé que pasó en ese instante, pero en vez de echarme al suelo acobardado y resignarme a mi fin, empecé a sentir una conocida corriente eléctrica pasando a través de mi columna (veo al primer agente pararse cerca de mí) la corriente es la más intensa que he sentido en mi vida y empieza a subir hacia mi cabeza (el otro agente llega al lado del otro y ambos levantan sus katanas a la par)la electricidad o lo que sea que es esta corriente llega a mi cabeza (veo, cada vez más lentamente, como caen las katanas).
Dolor, mucho dolor, el pinchazo detrás de mis ojos durante el microsegundo que duró fue horrible, muy distinto a otras veces que el dolor es un simple pinchazo que más que doler molesta, pero al ocurrir consigo ver como las katanas caen sobre mi con una velocidad mucho mas lenta de la que me pareció según las veía caer anteriormente.
El pinchazo fue lo que realmente necesité para reaccionar ante tal situación de tensión, ya que si no lo hubiera hecho ahora mis brazos estarían tirados en la acera.
Mi primera reacción saltar a un lado, un pequeño salto para esquivar por milímetros las hojas de las katanas, pero cuando me agacho para impulsarme sobre mis piernas, empiezo a notar como si una extraña energía invadiera todos los músculos en ellas, los hiciera crujir, y que al impulsarme me vea volando hacia una pared que hay a mi izquierda.
Tras chocar con la pared me levanto y me encuentro con los dos agentes intentando sacar sus katanas de la acera, pues al haber esquivado su ataque y solo tener fuerza bruta, sus katanas se habían quedado clavadas en la acera y no son capaces de sacarlas del asfalto. No sé porque, puede que movido por mi instinto, pero según salto hacia ellos veo todo como a cámara lenta, miro a un lado y me fijo que la señora que estaba a mi espalda ha salido corriendo, pero lo hace como cuando en un ordenador se ralentiza una carrera de atletismo, oigo las voces distorsionadas, las entiendo, pero suenan más graves y más lentas.
El primero en sentir mi ira es el agente más cercano a mí, en el aire giro sobre mí mismo dando una voltereta y recibe una patada en la cabeza que le tira al suelo y le hace rebotar contra el asfalto elevándose por la inercia hasta una altura a la que una patada mía le hace salir despedido hacia su compañero. Juraría haber sentido como el cráneo del agente se astillaba al recibir la patada, el sonido sordo que hizo su brazo al romperse contra el asfalto, como sus costillas se quebraban al recibir mi patada, pero eso es algo que supongo que nunca podré confirmar. El compañero del vapuleado agente, el cual ha visto lo anterior, se ha quedado helado. Al no reaccionar no se aparta de la trayectoria de su compañero y choca con él estrepitosamente.
Al levantarme del suelo me doy cuenta que tengo al lado clavadas en el suelo las dos katanas, agarro una, y, otra vez, noto la energía fluir hacia los músculos, del brazo en este caso, y con facilidad levanto la katana dejando un surco en el asfalto y, sin saber porque, señalo al agente con ella, el cual me mira con los ojos desorbitados mientras aparta de encima de él, y con un empujón, a su compañero y gritando sale corriendo.
De repente vuelvo en mi y veo lo que he hecho, recuerdo lo ocurrido las otras veces en mi cuerpo, tanto al golpear a los agentes como al saltar, para hacer esos movimientos tan inusuales, y me concentro en mis piernas, me agacho, y salto de un edificio a otro hasta perder de vista a la gente arremolinada alrededor del cuerpo del agente.
Cuando llego a la azotea de un edificio siento a la corriente eléctrica abandonar mi cabeza y, de repente, me encuentro tan débil que me acurruco en una esquina a descansar y comienzo a repasar lo ocurrido mientras veo como el sol nace en el horizonte.
Estaba repasando todo cuando oigo una voz fuerte, enérgica, pero con cierto tono cálido encerrado en sus palabras dirigiéndose a mí desde algún lugar enfrente de mí.

-He visto lo ocurrido, tú y yo nos llevaremos bien.

Tuesday, January 23, 2007

01 - El decreto de Amaesh nº 27

Oigo un sonido, es molesto, a mi mente adormecida, que aún piensa en las imágenes ocurridas en el sueño paranoico probablemente inducido por las autoridades, le parece y le cuesta discernir si son voces, música o algo similar.
Instantáneamente mi mente se despierta de golpe, no como mi cuerpo que aún siente el calor de las sábanas. En un segundo levanto rápidamente la mano y de un porrazo apago el despertador que con esa pequeña tortura me ha hecho despertar.
Como siempre echo a un lado las sábanas a sabiendas de lo que ocurriría, según lo hago un escalofrío me recorre el cuerpo y dejo atrás el calor de las sábanas. Con frío me levanto y lo primero que hago es ir a saludar a mi madre la cual, al contrario que yo todavía no ha conseguido que su mente se despierte, y lleva su cuerpo a la cocina a tomar alimentos que, como todas las mañanas, han aparecido en el tubo de alimentos.
Tras saludar a mi madre lo siguiente que hago es ir al lavabo y tras el acostumbrado aseo matinal me encamino a mi habitación para cambiarme.
Al entrar lo que veo es esa habitación que mi madre dice que es una locura de papeles, aunque yo siempre pienso para mis adentros que es un orden dentro del desorden, pues si ordenara la habitación no sabría dónde se encuentran la mitad de los planos.
Precisamente en el momento en el que entro, encuentro sobre la mesa los planos de lo último en lo que estaba trabajando la noche anterior, y sin pararme a pensar que iba justo de tiempo me pongo a mirarlos detenidamente. Me quedo absorto, como siempre que me pongo a trabajar en los planos del traje multifunción que había representado en ellos, y me pongo a pensar lo que me había costado durante los últimos 2 años el proceso de investigación que estaba a punto de culminar, al estar a punto de terminar los planos de lo que para mi madre eran chorradas que lo único que hacían era traer problemas.
Mientras miro los accesorios que tiene este traje en comparación con el traje de asalto usado por las autoridades, noto como una corriente eléctrica que me pasa por los hombros, por toda la columna vertebral, para luego volver y concentrarse en la cabeza con un molesto punzamiento detrás de los ojos. Desde hace 1 año al empezar a trabajar siento esta corriente pasando a través de mí como si fuera un cable, y acto seguido, empiezo a verlo todo con una lucidez impresionante, todo se vuelve más sencillo.
Esta vez no fue distinto y empiezo a ver todo de esta manera, y cosas que normalmente no podría realizar ni un técnico especialista en robótica me parecen un juego de niños.
Un técnico no podría trabajar con los planos que estaba diseñando porque en ellos había hecho diseños de nanorobots que usan emisores de hologramas. Dichos hologramas se ajustan al cuerpo del portador del traje permitiéndole cubrirse con un holograma que es imposible de detectar pues táctilmente parece incluso real.
Aparte, había conseguido mejorar la resistencia, tanto a golpes como a temperaturas extremas, de los trajes de asalto que las autoridades usan en los enfrentamientos armados, todo ello gracias a que añadí en la aleación de la que están hechos una gota de mi propia sangre. Esto sigo sin entenderlo, pues al probar al igual con los componentes metálicos que tiene la sangre normal, como con sangre de otro cuerpo distinto al mío no he conseguido el mismo efecto, así que seguiré buscando el porqué de ese aspecto.
Estoy pensando en esto cuando al sentir la corriente a través de la columna miro el reloj y dejo los planos a un lado y me visto, pues sino no llegaré a clase a tiempo.
Cojo la cartera me pongo el abrigo me despido de mi madre que se acaba de despertar mentalmente hablando y le han entrado las prisas. Cojo mi mp3, me calzo los auriculares y salgo de mi casa para ir hacia la facultad.
Cuando salgo voy escuchando la rasgueante voz de una guitarra a todo volumen, todavía es de noche, la gente camina a mi lado encerrados en la rutina de la que intento escapar con cada paso hacia delante que doy, con prisas, pasando a mi lado como si en realidad no me vieran y a una velocidad inusitada, cuando empiezo a notar que me estoy mojando.
En ese momento me paro y la gente a mi alrededor me empieza a empujar y pegar empellones, con lo que consiguen que levante la cabeza y vea la lluvia cayendo cuando el controlador atmosférico había prometido un día agradable y despejado. Ante esto lo único que ocurre es que cuantas más personas sin paraguas pasan a mi lado como una exalación, más se demuestra que el sistema falla irremediablemente otra vez, lo cual desencadena que me empiece a reír estrepitosamente y la gente de mi alrededor se aparten silenciosamente mirando con temor al otro lado de la calle, cosa que hace que me ría aún mas fuerte. Al otro lado de la calle lo que hay no es mas que dos agentes de la autoridad que se fijan en mi y activan en mi dirección su atarner, el lector de mentes, desarrollado 30 años antes, con lo que ven qué estoy pensando y al estar prohibidos los pensamientos que han desencadenado estas reacciones, se lanzan hacia mi a aplicar el decreto nº 27 del código de Amaesh:

---Todo aquel que tenga un pensamiento de traición, que desencadene un sentimiento de ostentación que comunique ese pensamiento, será ejecutado por la mano de los agentes al momento y si tiene algún cómplice (el cual será cualquiera que comparta su pensamiento en ese instante) también será ajusticiado igualmente---